Todo ser humano tiene la total obligación ética de ver la luz (o la razón o quien la aclara), aquí, allá o en donde sea; porque, si tú no ves luz (porque no te preocupas en verla), al mismo tiempo no ves la realidad y así eludes la responsabilidad (o tu mejora por inesquivable aportación) que con ella va siempre.
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